Ucronía no es un país pegadito a Rusia.

Deja que te aclare algo: el futuro no es lo que era y hace un calor de muerte. Nos gobernará una masa gelatinosa y Elsa Pataky será relevante en Marte.

Mi historia comienza una calurosa tarde cuando, cuatro meses después de viajar en el tiempo dándome cuenta de que es fácil –si sabes cómo–, me embarco en la lectura de la segunda novelette de Rubén Rodríguez Rísquez. Sí, el mismo quien para nada me está vigilando por detrás con una gorra y unas gafas de sol a pesar de lo nublado que está el día, mientras finge leer el Frankfurter Allgemeine Zeitung sin tener ni idea de alemán. Igual se ha tomado una pastilla traductora y yo aquí lanzando suposiciones al aire.

Pero bueno, pasad, no seáis tímidos. Bienvenidos al White Dolphin, disfruten de su estancia y no olviden pasar por la tienda de souvenirs: tenemos tazas preciosas, recién traídas de la brecha temporal “Toma-T-Zara”. Nuestros dependientes gatunos estrenan nuevo uniforme, con corbata de dinosaurios incluida.

Esto no es producto de las secuelas de la cuarentena, no: ese honor se lo concedo al Dúo Dinámico.

Esto es Ucronía no es un país pegadito a Rusia, de Rubén Rodríguez Rísquez.

Ucronía no es un país pegadito a Rusia | Literup

  • 168 páginas
  • Editorial: Literup
  • Precio: 6€ físico; 1,99€ digital
  • Género: la Alianza de Planetas Aliados dice que es ciencia ficción… Y que te vas a reír un rato.

Nuestro protagonista ha abierto una agencia de detectives en el futuro. Pero no se imagina que al recibir una misión por parte de la Alianza de Planetas Aliados viajará con Ofelia y Groucho al Zúrich de 1916 para evitar que Cristiano Sonado, un famoso boxedrecista, modifique la línea temporal y que, en consecuencia, Alemania gane la Segunda Guerra Mundial.
Aunque, para variar, su carencia de habilidades hará que meta la pata y que tenga que mantener la integridad del espacio-tiempo saltando a otros hechos históricos, en los que intervienen grandes figuras como Tristan Tzara, Adolf Hitler o Enrique Bunbury.

Echa el freno, madaleno. Tengo que ponerte al loro: esto es la segunda parte de Viajar en el tiempo es fácil… ¡si sabes cómo!por lo que es muy probable que haya referencias a la primera novelette. Te recomiendo leer al menos la reseña antes de continuar.

Las novelettes de Rubén son, con total diferencia, las más alocadas y divertidas de toda la colección de Literup. Cargadas de referencias a la cultura pop, con un antihéroe de lo más patoso como protagonista y una androide que lucha contra la obsolescencia programada mientras incluye en su base de datos la habilidad de contar chistes malos… Aunque está trabajando en ello. Volveremos a ver a nuestros bolnnegiannos favoritos, a la presidenta papisa y hay un rey de gelatina. Yo creo que el cóctel es maravilloso.

Esta novelette, al igual que su primera parte, está muy bien llevada e hilada, nada desentona y nada queda mal. El ritmo es más fluido que en la anterior y mejora todo lo ya conocido y se vuelve infinitamente más divertida. Dicen que las segundas partes nunca fueron buenas, pero esta es una excepción.

En esta segunda entrega, nuestro protagonista sigue haciendo de las suyas, con un tono más cercano: ya le conocemos y conocemos sus aventuras, desventuras, golpes de suerte y desgracias. El pobre no parece enterarse de mucho (you know nothing, ZZZZZZ), pero aun así acaba saliendo airoso de las situaciones que son de todo, menos corrientes y en más de una ocasión he mirado la novelette con una cara mezcla de la sorpresa y la diversión, mientras decía mentalmente: “Pero Rubén, hijo, ¿cómo puedes poner eso ahí, así? Que luego lo lee la gente” a la vez que otra vocecilla me grita “¡Esto es la monda!”.

Pero no solo eso: hay referencias al arte y literatura de las vanguardias, Héroes del Silencio, Tristán Tzara no ha sufrido daño alguno y en la movida madrileña muchos os sentiréis nostálgicos y si sois hijos de padres que vivieron en ese Madrid, estas referencias se os antojarán más que familiares. Pero no te des el piro, vampiro, que la cosa está mu chunga y la menda lerenda aún no te ha contado que hay cosas nazis.

Sí, Peter, cosas nazis.

La aparición de Hitler en la novelette es absolutamente genuina. Conocemos miles de historias y videojuegos donde los nazis han ganado la Segunda Guerra Mundial, pero en ninguna de ellas hemos visto que evitar eso esté en manos de un detective patoso con un serio problema de diabetes (porque menudos apelativos cariñosos se gasta con Ofelia) y súper fan de Héroes del Silencio. Vamos, es que ni se te pasa por la cabeza.

Es una obra muy completa y que toca muchos puntos: historia, literatura, arte, frikismo, Star Trek, Star Wars, boxedrecismo y bombas, con musiquita de Misión Imposible incluida. Rubén Rodríguez Rísquez es, para mí, el mejor descubrimiento literario de este 2020, porque no esperaba que me pudiera gustar tanto y me siento un poco mal por haberle dejado para el final. Aunque dicen que lo bueno se hace esperar, ¿no?

Y ya estaría por hoy. Gracias por su atención y, por el amor de Grogg, ¡estas manitas de jazz, que yo las vea!

Nos leemos.

 

Si estás buscando una novelette que te haga reír como el Joker mientras todos te miran como si te faltara un tornillo, aquí te dejo enlaces para hacerte ambas novelettes de Rubén Rodríguez Rísquez:

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