“Canción de sal”, de Marina Tena

Octubre es un mes que gusta a la mayoría de la gente. El otoño está ahí, haciendo acto de presencia. Primeras lluvias, primeras hojas caídas, primeros abrigos salidos del fondo del armario y… Halloween. La festividad del terror. Del pedir chuches, de disfrazarse, de pasar miedo… Y disfrutar con ello.

Lo más normal es ver películas de terror pero, ¿qué hay de los libros? A mí, un buen libro de terror me da incluso más miedo que una película del género. El truco está en hacerlo creíble, que te pongas en la piel de los personajes y que, página tras página, un aura te envuelva de tal manera que te dé miedo incluso levantar la vista del libro… Por si las moscas.

Es un género que estoy descubriendo poco a poco. Ya os traje la reseña del famoso “Exorcista” de William P. Blatty, cuya niña sigue siendo protagonista de las pesadillas de mucha gente. Y os traje una novelette de Marina Tena Tena, de la editorial LiterUp; una novelette que era terrorífica porque sus protagonistas eran ciegos y eso hacía que te pusieras en la piel de Briana y su hermano Arlen. “Legado de plumas” consiguió atraparme y dejarme con una sensación de agobio en el cuerpo porque, para qué engañarnos, me siento prácticamente igual cuando me quito las gafas. Indefensa. Sola. Perdida.

Hoy repetimos con Marina Tena. Repetimos el terror. Esta vez, en forma de novela, su primera novela. Donde las pesadillas y las sirenas juegan un papel muy importante.

Canción de sal, de Marina Tena

  • 170 páginas
  • Editorial: Grupo Amanecer
  • Precio: 3€ digital; 16,35 físico.
  • Género: terror psicológico.

Hugo y su madre se han ido de vacaciones aunque su padre no esté de acuerdo. Hugo está emocionado, desde que no vive con mamá la echa mucho de menos. Al viaje les acompaña Sam, la niña invisible que siempre ha estado con él.
La casa de la playa es un sitio raro para ir en noviembre, pero Hugo quiere ver feliz a su madre. Aunque Sam no deje de advertirle que pasan cosas extrañas. Aunque por la noche escuchen los susurros de las sirenas que quieren llevarlos al fondo del mar.

Y cada vez se las oye más cerca… 

“Canción de sal” es una novela sencilla, fácil de leer y que te deja mucha libertad a la hora de imaginarte las cosas. No se describe nunca físicamente a ningún personaje, como mucho la ropa que llevan y tampoco se especifica en ningún momento dónde se encuentra la casa donde se desarrolla la historia. Se sabe que está cerca del océano y que llueve mucho en la zona, así que yo decidí situarla imaginariamente en Galicia.

Los padres de Hugo tampoco tienen nombre, solo Hugo, Sam y Marcos, el novio de su padre, tienen nombres. Sam y Hugo son los protagonistas de esta historia, sí, pero el hecho de que Marcos tenga nombre es un punto a favor de la novela: hay una relación LGTBI que se muestra tan natural, sin ningún bombazo, que te llena de calma al leerlo porque lo ha descrito como lo que es, una relación como otra cualquiera. Marina ha apostado por llamar a ese personaje por su nombre y no denominarlo como “la pareja de papá”, pues la intención era clara: es una relación homosexual y no es necesario esconderla con decoraciones. Hugo es un niño pequeño, pero bastante maduro para entender que sus padres ya no están juntos y que ahora su padre tiene una relación con otro hombre. Y no ha sido necesario un plot twist para contarlo. Está ahí, es real y ya está.

También me llamó especialmente la atención el personaje de Sam. Es la amiga imaginaria de Hugo, pero puede coger cosas, tirarlas e incluso romperlas. No se trata de un amigo invisible convencional, y en más de una ocasión te planteas si de verdad es un amigo invisible o es un fantasma. Para mí, Sam representa la madurez y el refugio de Hugo, su Pepito Grillo que le dice lo que debería hacer… Y le advierte del peligro que le acecha, lo cual aumenta la tensión de la novela. Sus advertencias no deberían pasar desapercibidas si lees esta novela.

He hablado de los puntos que me han gustado de la novela, pero ahora vamos a hablar del plato fuerte. El tema de la novela es la depresión, que aquí tiene una gran relación con el mar, el océano, las sirenas. Éstas serán el terror de Hugo, tendrá bastantes pesadillas durante toda la historia con unas sirenas que entran en su cuarto para llevarle al fondo del mar. Todo por culpa de su abuela y su madre, quienes tienen una obsesión con las sirenas que susurran desde el océano. La madre de Hugo se ve desde el minuto uno que no está bien; Hugo constantemente menciona que su madre está “triste” y “distraída”, que se olvida de hacer cosas básicas como hacer la comida o sacar al niño de la bañera y que necesita sus “dosis” de felicidad. Conforme pasan los capítulos, lo de su madre va a peor hasta tal punto que temes que aparezca en escena.

Pero tú, que no eres un niño, sabes que la madre padece depresión y que estar en una casa llena de viejos recuerdos no le está ayudando demasiado.

El océano, el agua y las sirenas son omnipresentes en la novela. A mi entender, el océano, oscuro, con peligros y rabioso es la propia enfermedad: la depresión es una enfermedad que te envuelve, te atrapa y es complicado salir de ella. Es como estar en la playa e ir adentrándote poco a poco en el mar embravecido; cuando te quieras dar cuenta, te cuesta mucho salir y no sabes en qué momento comenzaste a sumergirte en esas aguas oscuras… Pero ya estás dentro y la oscuridad te envuelve por dentro. Y los malos pensamientos están ahí, contigo, diciéndote cada día que no podrás salir de ahí, alentándote a sumergirte en tu miseria y tristeza… Ahí es donde las sirenas hacen acto de presencia.

Las sirenas son esos pensamientos y hábitos que te arrastran al fondo de la enfermedad hasta llevarte incluso a la muerte. Porque sí, la depresión es una enfermedad muy grave, ocupa el tercer lugar en las enfermedades más comunes del mundo, es una enfermedad que te incapacita y te impide incluso hacer algo tan habitual como ducharse o lavarse los dientes. Y Marina ha sabido dirigirla para que podamos verla a través del prisma de un niño que tiene pesadillas con criaturas del mar. Ha conseguido hacernos ver que es una enfermedad terrorífica y nos ha guiado a través de episodios de terror infantil a un desenlace totalmente vertiginoso, rápido y aterrador. Nos hace agobiarnos por tener que bajar unas escaleras en busca de pilas, encogernos por si nos pilla la madre e incluso temer el momento que Hugo se de un inocente baño en la playa.

Canción de sal”  me ha llegado. Me ha hecho pensar cómo afecta esta enfermedad a la gente que te rodea. Marina ha sabido construir un mundo infantil lleno de matices, con una fuerte carga emocional y que nos sintamos confusos a la par que Hugo, que no comprende nada de lo que pasa a su alrededor. La tensión creciente, el verlo todo a través de los ojos de un niño que solo tiene una linterna, un dinosaurio de plástico y una amiga invisible y esa angustia que crece conforme vas leyendo porque sabes desde los primeros capítulos que la novela no va a acabar bien, hacen de esta novela la mezcla perfecta para que se convierta en una historia de terror psicológico en toda regla.

Si queréis pasar miedo, coged una linterna y aseguraos de cerrar las ventanas: las sirenas podrían cantarte.

 

¿Has leído ya “Canción de sal”? ¿Y “Legado de plumas“? Pon en comentarios qué te parecieron y si tienes recomendaciones, ¡ponlas!

Nos leemos.

 

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